Rulo y Quique
Quique (izquierda) y Salva (derecha) José Luis (centro)
Al poco tiempo se sumaron Rulo y Quique. Los dos eran también del barrio. A Rulo, que no se llamaba así, sino que este era un mote que él mismo se había otorgado con notable éxito, lo habíamos conocido también en el colegio. Puesto que Salva tocaba la batería y yo la guitarra, decidió ser el bajo. Un pequeño problema: no teníamos un bajo, así que lo tocaba, al principio, en una guitarra normal. Luego su padre le compró un bajo ¡de verdad!. ¡Emoción indescriptible y gran algarabía!. Aunque aún nos faltaba el ampli para el bajo, porque si se le conectaba a uno de guitarra petaba.
A Quique, que no era de nuestra panda, era algo más mayor, le reclutamos por las buenas pues tocaba la guitarra y la armónica. Así que ya teníamos guitarra solista, aunque seguía faltando una guitarra eléctrica. Pero, lo más importante, el cuarteto estaba completo y ya podíamos empezar a ensayar. Le gustó tanto que terminó dejando a su antigua pandilla y viniéndose a la nuestra. Y desde entonces los cuatro nos convertimos en inseparables. Bueno, durante algunos años.
Tambien tuvimos un cantante, José Luis, con guitarra eléctrica y todo. Duró poco tiempo. No cantaba mal y era buen chaval, pero nosotros íbamos de otro rollo.

